El pasado domingo cuatro abrojos decidimos ir a
El día no podía estar mejor para la práctica del MTB, día
claro y soleado que nos dejaba ver las cumbres de las montañas nevadas. Era un
paisaje idílico. La única pega si es que la tiene, era el frío aunque rápido
íbamos a entrar en calor.

Partimos de Valero, como había dicho, con dirección a los puentes del río Alagón
por carretera. Íbamos animados, muchas risas pero con una cierta incertidumbre
de lo que nos podíamos encontrar según avanzara la ruta. Llegar a los puentes,
coger un camino a la derecha y meter el platín era todo uno. Primer rampón para
entrar en calor y comenzar a sudar. A partir de aquí, con más o menos desnivel,
no dejaríamos de subir y subir hasta El Codorro, unos
Como digo, primera rampa y se empieza a ver la tónica
habitual del ruta: Pablo e Iban por delante y luego ya Miguel y yo. En esta
primera rampa parece que nos quiere saludar la fauna del lugar. Un buitre en
mitad del camino hace que ralenticemos la marcha, mirándonos parecía que estuviera
allí esperándonos como si fuera un augurio de lo que nos podía pasar.
Así van pasando los kilómetros, subiendo y subiendo, vamos
ganando altura y poco a poco se nos abre el paisaje ante nuestros pies, al
fondo la Peña de
Francia y todas las montañas
circundantes nevadas. Vamos solventando las rampas como podemos, con el platín
metido, despacio pero con el firme propósito de avanzar. Llegamos a la zona de
curvas que los que la hicieran en verano se acordarían de la dureza de las
mismas y es cuando a nuestro alrededor la nieve comienza a hacer acto de
presencia, primero tímidamente pero poco más arriba todo está cubierto por un
fino manto blanco, los charcos están helados y sólo oíamos el viento helador y
las ruedas pisando la nieve como si crujiera a nuestro paso.
Subimos El Codorro, todo un acierto, serían 4 kilómetros
aproximadamente, en la cual, una recta matadora que no tenía fin conducía a lo
más alto. Allí fotos de rigor y bajamos rápidamente.
Después del Codorro, vamos perdiendo altura poco a poco y
comienza a aparecer el barro conforme se iba deshaciendo e íbamos bajando.
Paramos a reponer fuerzas, alguien pregunta la hora y contesto: la una de la
tarde! Sorprendidos por la hora que era o por lo corto que se nos había pasado,
sin duda era señal de que lo estábamos pasando francamente bien.
Después de la parada comenzamos otro rampón de meter todo lo
que tienes en la bici, me acordaba que esa rampa en verano no todo el mundo la
subió pero ese día fue algo más “fácil” ya que el terreno estaba mojado y no
patinaba tanto la rueda. Como no, primero Pablo e Iban llegaron arriba, luego
yo y finalmente Miguel que nos confesó que tuvo que echar pie a tierra. Fuese
lo que fuese la ruta se estaba haciendo dura y el barro no ayudaba nada y todos
quien más o menos ya íbamos tocados.
A partir de este tramo comienzan mis problemas con los
frenos (un clásico en las rutas) que tras unos ajustes puedo solventarlo por lo
menos para acabar la ruta.

Ya solo nos quedaba el Cervero, pero la aproximación a él
fue dura, mucho barro que hacía patinar las ruedas, mucha nieve a nuestro
alrededor que volvió a aparecer y las fuerzas justitas empezaron a pasar
factura. Pero merecía la pena, rodeados de un bosque de castaños, el camino se
iba haciendo paso por él que además, con la nieve, le daba un encanto
especial. Como digo el tramo se estaba
haciendo duro y comenzaba a picar hacia arriba y Miguel dijo que no subía y se
quedó atrás. Mientras Pablo, Iban y yo seguimos hacia delante. He de confesar
que en este punto a mí también se me pasó por la cabeza no subir y quedarme
abajo esperando, pero la cima estaba ya tan cerca... que no podía no subir y la
verdad que me encontré mejor de lo que esperaba.
Una vez arriba, fotos de rigor, comimos algo y bajamos.
Mientras bajábamos, no llevaríamos ni dos revueltas cuando nos encontramos con
Miguel que finalmente decidió subir con más pundonor que fuerzas pero allí
estaba y claro, nos alegramos por él. Pablo subió a acompañarle e Iban y yo
bajaríamos y los esperaríamos más abajo.
Una vez reunidos los cuatro sólo nos quedaba bajar y bajar,
primero hasta San Miguel de Valero y luego a Valero poniendo fin a la ruta a
eso de las 15:30 más o menos, con unos 57 kilómetros en
nuestras piernas y unos 1500
metros de desnivel positivo.
Agradecer a mis compañeros de ruta: Pablo, Iban y Miguel,
por el buen rollo reinante, por los buenos momentos y por las risas que nos
echamos que no eso sí que no faltó en ningún momento.
berto




































