27/2/13

Sierra de las Quilamas Invernal....la cronica


El pasado domingo cuatro abrojos decidimos ir a la Sierra de las Quilamas para repetir la ruta que hicimos en el verano, con la salvedad de que le añadimos El Codorro. Habíamos quedado a las 8:30 para poner rumbo a Valero donde íbamos a iniciar la ruta. Una vez llegados, pusimos en orden las bicis y tomamos el café de rigor nos pusimos en marcha poco antes de las 10.

El día no podía estar mejor para la práctica del MTB, día claro y soleado que nos dejaba ver las cumbres de las montañas nevadas. Era un paisaje idílico. La única pega si es que la tiene, era el frío aunque rápido íbamos a entrar en calor.
Partimos de Valero, como había dicho,  con dirección a los puentes del río Alagón por carretera. Íbamos animados, muchas risas pero con una cierta incertidumbre de lo que nos podíamos encontrar según avanzara la ruta. Llegar a los puentes, coger un camino a la derecha y meter el platín era todo uno. Primer rampón para entrar en calor y comenzar a sudar. A partir de aquí, con más o menos desnivel, no dejaríamos de subir y subir hasta El Codorro, unos 20 kilómetros de subida.
Como digo, primera rampa y se empieza a ver la tónica habitual del ruta: Pablo e Iban por delante y luego ya Miguel y yo. En esta primera rampa parece que nos quiere saludar la fauna del lugar. Un buitre en mitad del camino hace que ralenticemos la marcha, mirándonos parecía que estuviera allí esperándonos como si fuera un augurio de lo que nos podía pasar.

Así van pasando los kilómetros, subiendo y subiendo, vamos ganando altura y poco a poco se nos abre el paisaje ante nuestros pies, al fondo la Peña de Francia  y todas las montañas circundantes nevadas. Vamos solventando las rampas como podemos, con el platín metido, despacio pero con el firme propósito de avanzar. Llegamos a la zona de curvas que los que la hicieran en verano se acordarían de la dureza de las mismas y es cuando a nuestro alrededor la nieve comienza a hacer acto de 
presencia, primero tímidamente pero poco más arriba todo está cubierto por un fino manto blanco, los charcos están helados y sólo oíamos el viento helador y las ruedas pisando la nieve como si crujiera a nuestro paso.
Subimos El Codorro, todo un acierto, serían 4 kilómetros aproximadamente, en la cual, una recta matadora que no tenía fin conducía a lo más alto. Allí fotos de rigor y bajamos rápidamente.

Después del Codorro, vamos perdiendo altura poco a poco y comienza a aparecer el barro conforme se iba deshaciendo e íbamos bajando. Paramos a reponer fuerzas, alguien pregunta la hora y contesto: la una de la tarde! Sorprendidos por la hora que era o por lo corto que se nos había pasado, sin duda era señal de que lo estábamos pasando francamente bien.
Después de la parada comenzamos otro rampón de meter todo lo que tienes en la bici, me acordaba que esa rampa en verano no todo el mundo la subió pero ese día fue algo más “fácil” ya que el terreno estaba mojado y no patinaba tanto la rueda. Como no, primero Pablo e Iban llegaron arriba, luego yo y finalmente Miguel que nos confesó que tuvo que echar pie a tierra. Fuese lo que fuese la ruta se estaba haciendo dura y el barro no ayudaba nada y todos quien más o menos ya íbamos tocados.


A partir de este tramo comienzan mis problemas con los frenos (un clásico en las rutas) que tras unos ajustes puedo solventarlo por lo menos para acabar la ruta. 

Ya solo nos quedaba el Cervero, pero la aproximación a él fue dura, mucho barro que hacía patinar las ruedas, mucha nieve a nuestro alrededor que volvió a aparecer y las fuerzas justitas empezaron a pasar factura. Pero merecía la pena, rodeados de un bosque de castaños, el camino se iba haciendo paso por él que además, con la nieve, le daba un encanto especial.  Como digo el tramo se estaba haciendo duro y comenzaba a picar hacia arriba y Miguel dijo que no subía y se quedó atrás. Mientras Pablo, Iban y yo seguimos hacia delante. He de confesar que en este punto a mí también se me pasó por la cabeza no subir y quedarme abajo esperando, pero la cima estaba ya tan cerca... que no podía no subir y la verdad que me encontré mejor de lo que esperaba.

Una vez arriba, fotos de rigor, comimos algo y bajamos. Mientras bajábamos, no llevaríamos ni dos revueltas cuando nos encontramos con Miguel que finalmente decidió subir con más pundonor que fuerzas pero allí estaba y claro, nos alegramos por él. Pablo subió a acompañarle e Iban y yo bajaríamos y los esperaríamos más abajo.
Una vez reunidos los cuatro sólo nos quedaba bajar y bajar, primero hasta San Miguel de Valero y luego a Valero poniendo fin a la ruta a eso de las 15:30 más o menos, con unos 57 kilómetros en nuestras piernas y unos 1500 metros de desnivel positivo.

Agradecer a mis compañeros de ruta: Pablo, Iban y Miguel, por el buen rollo reinante, por los buenos momentos y por las risas que nos echamos que no eso sí que no faltó en ningún momento.

berto
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