Intro: el pasado sábado 23 de junio 2012, tres caballeros abrojos salían de madrugada, con la intención de llegar y subir la Covatilla y volver, intentando abrir una ruta por caminos desde Salamanca, evitando en todo lo posible la carretera.
Aquí tenéis la crónica de los tres "Valientes" y que gracias a su esfuerzo y una vez depurado el trak,
Nos abre el camino a que mas valientes abrojos, sigan sus pasos y se pongan a prueba consiguiendo
El rango de "abrojo elite 200". Que solo será posible tras realizar esta ruta, una vez depurada.....
Llegó
el día para “La Grande”, toca el despertador a las 5:15, me levanto, me preparo
y desayuno, cojo la mochila que la tenía atascada de barritas, geles, bocatas y
agua, luego vi que no sería suficiente y que iba a necesitar más.
A
las 6 de la mañana me presento en el Vialia y ya están allí Juan y Jesús,
últimos retoques, vemos el libro de ruta, fotos y emprendemos el camino.
Cruzamos rápidamente Salamanca, de noche, con la fresca y sin apenas tráfico da
gusto circular por las calles. Tenemos algún problemilla para encontrar el
camino pero por fin lo cogemos. Un camino con sube y bajas paralelo a la
autovía. En los repechines se ve que Jesús tiene ganas y va unos pocos metros
por delante de Juan y de mí que vamos juntos.
Comienza
a amanecer y nosotros seguimos dándole a los pedales, vamos cruzando
alternativamente la autovía con algunos repechos, algunos duros otros no tanto
pero que poco a poco comienzan a pesar. Llegamos a Buenavista y entendemos el
porqué del nombre, al horizonte La Covatilla, una mole que personalmente me
parecía muy raro que dentro de unas horas fuéramos a estar allí arriba y
comienzo a pensar que esto era una locura pero seguimos para adelante. Bajada
rápida por carretera y llegamos a Sieteiglesias de Tormes, carretera hasta
Fresno Alhándiga y luego cogemos un camino que nos lleva hasta La Maya.
Descansito rápido y nos ponemos de nuevo en camino. Primera subida fuerte para
llegar a la represa, foto de rigor y nos ponemos en camino. Avanzamos un poco y
tenemos que pararnos, un pastor nos dice que esperemos, que viene un rebaño de
vacas que son un poco recias, aprovechamos a comer viendo el rebaño, por fin
pasan y tiramos pa´lante.
Siempre
picando para arriba llegamos a Pizarral y luego a Cabezuela de Salvatierra, por
fin al fondo se ve Guijuelo y yo ya estoy sin agua. Llevamos ya 4 horas sobre
la bici. Entramos en un bar, repongo el agua y para adelante. A partir de aquí
empieza un sufrimiento para mí, mis piernas van bien pero algo falla y no voy a
gusto. Cogemos un camino con una bajada que al principio es vertiginosa, muy
rápida pero poco a poco se va haciendo más angosta, piedras, arbustos y
árboles. Esta parte fue muy chula y bonita, arriba se ve un pueblo y me echo a
temblar y pienso estamos bajando mucho y el pueblo está muy arriba. Dicho y
hecho comienza una subida muy fuerte y empinada, Juan va por delante y detrás
de él Jesús, yo voy unos metros por atrás, al final les pierdo de vista y yo ya
no puedo más y echo el pie a tierra hasta llegar arriba. Comentamos la
subidita, tenía su miga y era muy empinada, la verdad que si repetimos la ruta
habría que volver ya que era un tramo muy bonito. El pueblo era el Guijo de
Ávila y allí paramos a reponer fuerzas.
A
partir de aquí, la aproximación a La Covatilla fue un poco desesperante, por lo
menos eso me pareció a mí, el puerto estaba ahí enfrente pero parecía que no
llegábamos nunca. Llegamos a Nava de Béjar cogemos un camino pero nos estábamos
desviando mucho, estábamos dejando el puerto muy a la derecha cuando la
teníamos justo en frente. Decidimos dar media vuelta y coger la carretera,
carretera que ya no íbamos a abandonar más hasta nuestro final de viaje. Alguna
pérdida más, preguntamos y paramos en un lugar peculiar, un club, paramos a
comer algo y entramos en un bar que había al lado. Hablamos con un paisano y
con el del bar, tomamos café y yo además una aspirina, además de volver a
rellenar las mochilas con agua. Emprendemos de nuevo el viaje y la verdad que
me siento mucho mejor, subimos el puerto de Vallejera, era la 1 de la tarde, la
coronamos y un poco más adelante el primer cartel indicándonos que ya estábamos
prácticamente al pie del puerto. Cruzamos Vallejera y cogemos la carretera a La
Covatilla en el cruce del Hotel Cubino.
Empezamos
la subida y como no, Jesús por delante, yo un poco por detrás de él y detrás de
mí, Juan que pregunta la hora y le respondo la 1:10, luego miro mi
cuentakilómetros y marca 103
km, vaya locura, empezamos a subir el puerto con más de 100 km en las piernas. Tengo
metido el plato mediano y la verdad es que las primeras rampas no me parecen
duras y me acuerdo de lo que nos dijo Juan antes de empezar, que le íbamos a
echar hora y media o dos horas subiendo pero viendo las rampas del principio no
me parecía que fuera para tanto y pensaba que exageraba, pobre de mí... Lo
cierto es que cada vez que miraba hacia adelante veía a Jesús más y más lejos a
pesar de que intentaba seguirle en la distancia y a Juan ya en algunos tramos
de curveo ya no lo veía. Al final me quedo solo, no veo a nadie más pero ya
estoy llegando a la Hoya. En esto que veo a Jesús parado en el cruce, me paro
yo también y nos ponemos a hablar y a esperar a Juan. Pasa más o menos un
minuto y aparece Juan pero él decide no parar y seguir, como él ya ha subido
una vez sabrá que ya habrá tiempo para esperar más arriba.
Por fin nos ponemos en marcha Jesús y yo,
rápidamente Jesús toma la delantera y rápidamente pongo el platín, primera
rampa dura aunque suaviza y vuelvo a meter plato mediano. Jesús ya está muy por
delante y miro para arriba y me doy cuenta de donde nos hemos metido, se ve una
sucesión de curvas bastante fuertes y meto el platín cuando veo que Juan se
está retorciendo en un rampón. Poco a poco nos vamos distanciando unos de
otros, por supuesto Jesús adelante, lo de este hombre no es normal, como tira,
luego Juan y luego yo pero no los veo. La pendiente es muy pronunciada y cuesta
dar pedales y eso que tenía prácticamente todo metido, solo me quedaba un par
piñones, empieza una sucesión de rampas y voy buscando el lado de la carretera
que “menos” pendiente tiene, no hay ni un coche asi que no hay excesivo
problema en meterme en el otro carril. Noto calor, mucho calor y la sucesión de
curvas ya me está pesando aunque no sé cuántas hice y decido parar, me siento
en un guadarrail, cojo un poco de aire y bebo un poco de agua. Cuando me noto
recuperado me monto en la bici, de nuevo un par de curvas más con fuerte
pendiente y veo a Jesús y Juan parados descansando, yo sigo para adelante ya
que apenas acababa de montarme aunque las ganas de pararme son muchas. Continuo
mi marcha curva tras curva, Jesús y Juan no aparecen pero me asomo a un
balconcito y los veo que ya han retomado la marcha aunque están muy por debajo.
Poco a poco voy ascendiendo y las vistas son espectaculares miro para arriba y
veo una torreta y pienso que ese es el final de este sufrimiento, ya que no se
veía nada más, solo una recta larga y estoy arriba, eso pensaba. Por fin llego
a la torreta y veo que todo mi gozo en un pozo, el puerto continua y se ve una
pendiente bastante pronunciada asi que paro a descansar y miro a ver si
encuentro a Jesús y Juan pero no
aparecen por ningún lado, al cabo de un par de minutos veo
un punto amarillo
cogiendo la recta y veo que es Jesús, en ese momento decido ponerme otra vez en
marcha, afronto lo que me queda, ya no podría ser mucho pensaba. Subo y subo
pero las piernas ya flojean y paro de nuevo, esta vez al lado de un arroyo que
más tarde según nos dijo Juan él también paró. Ya sí que no veo a nadie y
después de un minutín vuelvo a montarme en la bici para coger la última rampa
pero también creo que la más dura. La supero y por fin se abre ante mí el
parking de la estación, un poco más y por fin llego arriba. Lo he conseguido,
he llegado arriba!! Me pongo a hablar con dos ciclistas que iban con flaca que
nos pasaron cuando subíamos y les cuento nuestra odisea y ellos me cuentan la
suya. Me tiemblan las piernas y las manos pero estoy relativamente bien. Al
rato llega Jesús y detrás de él Juan que a escasos 20 metros más o menos se
cae del esfuerzo y de unos calambres que a la vista de su cara debían de ser
muy dolorosos. Unos estiramientos y se repone. Por fin los tres valientes
estábamos arriba, lo habíamos conseguido, mi cuentakilómetros marcaba 116 km
y eran las 3 de la tarde, casi dos horas de ascensión pero había merecido la
pena.
Nos
hacemos las fotos de rigor para que quede constancia de nuestra hazaña, cogemos
agua del arroyo donde antes me paré y empezamos el descenso. Jesús y Juan se
tiran literalmente, yo decido tomarme la bajada más tranquilito, disfrutando de
las vistas que me lo he merecido. La verdad es que disfruté bajando y sin dar
ni una sola pedalada llegué a la Hoya donde estaban Jesús y Juan esperándome.
Nos dirigimos a Vallejera a comer, eran
las cuatro menos cuarto aproximadamente y estuvimos hasta las cuatro y media
más o menos cuando nos pusimos en marcha. Cuando Jesús dijo en broma que
podíamos ir a Béjar a coger “La
Serrana”, más tarde iba a ser una idea no muy descabellada que sopesé. Por
delante teníamos 67 km de carretera y haciendo nuestras cábalas de una media de
15 por hora no íbamos a llegar a Salamanca hasta las diez.
Subimos
de nuevo el puerto de Vallejera que por este lado solo era una rampita asi que
fácil, eso sí Jesús como una moto. La verdad es que ahora el terreno era muy
favorable, siempre picando cuesta abajo llegamos muy rápido a Guijuelo aunque
otra vez tenía esa sensación de vacío, otra vez no me encontraba bien y esta
vez yo quería seguir para adelante pero mis piernas no daban más de si y era
incapaz de seguir el ritmo de estos dos abrojos de élite. Paramos en Guijuelo a
descansar, me tomé un gel, una barrita y agua, llevábamos ya 150 km y nos
quedaban unos 50 más o menos.
Mentalmente
me iba poniendo metas, primero 40 luego 30 y así sucesivamente y a mi ritmo
estaba convencido que llegaría. Así fue que sin comerlo y sin beberlo pasamos primero
por La Maya y luego Fresno donde paramos en casa de la suegra de Jesús.
Una
señora muy hospitalaria que nos ofreció cerveza y agua fresquita, nos sentamos,
nos reímos y lo pasamos bien, la verdad es que hizo que se nos olvidara un poco
el sufrimiento, así estuvimos unos veinte minutos cogiendo fuerzas para la
vuelta. Ya sólo quedaban 30 km, eso sí prácticamente hasta Cuatro Calzadas
siempre subiendo y subiendo. Yo la verdad que estaba recuperado y ese tramo se
me pasó volando, sin querer habíamos llegado a Mozarbez donde paramos de nuevo
en la fuente.
La
verdad es que ya lo teníamos en nuestras manos, apenas 12 km nos separaban de
nuestra meta, eran las ocho de la tarde, asi que incluso habíamos mejorado el
tiempo con el que teníamos previsto llegar.
A
partir de Mozarbez mucho tráfico, la verdad es que no hubiera sido malo coger
un camino para entrar en Salamanca pero no había muchas ganas, estábamos los
tres machacados aunque es cierto que algunos más que otros.
Últimos
repechos, y por fin Salamanca. Por fin habíamos llegado después de 208 km a las
nueve menos diez de la tarde. Foto de rigor en el Puente Romano y derechitos
cada uno a nuestras casas.
Al
final, con muy buen sabor de boca a pesar de todo lo pasado por haber sido más
fuertes que la carretera y más fuertes que nuestra mente que aunque dijera que
parara que ya no aguantaba más seguí para adelante hasta llegar a la meta.
Por
último sólo quería dar las gracias a Juan y a Jesús por apoyarme y darme
ánimos, sin ellos no lo hubiera conseguido. Ahora solo falta depurar un poco la
ruta y que en la siguiente edición nos acompañen más abrojos.
Un
saludo.
BERTO



































