1/9/12

Salamanca-Ciudad rodrigo-Salamanca la cronica






Comienza un nuevo día, de nuevo nos juntábamos tres amantes de la bici para hacer una de esas rutas que te marcan y que ahora, al escribir esta crónica, no me deja otra cosa que buenos recuerdos.
La verdad que esta vez no íbamos a ser tres si no cuatro. Miguel Ribeiro se unió a nuestra aventura con el objetivo de llegar a Fuentes de Oñoro. En cambio, nuestro objetivo era por una parte ir a Ciudad Rodrigo por la “Vereda de los Mártires” y luego regresar a Salamanca por  la “Cañada Real de Extremadura”. Sinceramente, según se aproximaba el día, no tenía miedo pero sí cierta incertidumbre de cómo iba a responder después de la ruta a “La Covatilla”.

La quedada fue a las 6 A.M. en el Vialia que ya se va a convertir en un clásico para este tipo de rutas. Llegué puntual pero ya estaban allí Juan, Jesús y Miguel. Últimos preparativos, fotos de rigor y nos ponemos en camino. Cruzamos Salamanca y nos dirigimos a Doñinos por la carretera. El motivo de que fuéramos por la carretera en vez de por caminos este tramo era que no estábamos para perder tiempo y como esa zona es ya de sobra conocida por todos nosotros no merecía mucho la pena ir por el camino, así ganábamos algo de tiempo.

En Doñinos cogemos el camino que ya nos conduciría a Ciudad Rodrigo, aún era noche cerrada y salvo algún despiste en algún cruce de caminos íbamos bien y con muchos ánimos. Poco a poco comenzaba a amanecer a nuestras espaldas y el paisaje comienza a cambiar, cambiamos de tierras de cultivo a pastos y encinares. El camino, en general, es ancho y es posible rodar con facilidad, algún tramo cambia para ir por roderas o como por ejemplo un tramo en bajada con piedras grandes muy divertido.
Así van pasando los kilómetros, pasamos todo tipo de fincas, abrimos porteras, las cerramos, rodamos incluso entre dos o tres manadas de vacas siempre con precaución y la mañana va avanzando y vamos relativamente bien de tiempo, asi que contentos. Un tramo que fue bonito y de pura bici de montaña fue un tramo de unos 2 o 3 km que íbamos literalmente por el campo, el camino apenas se intuía ya que estaba cubierto por hierba aunque eso sí era duro. Por otro lado, personalmente me encuentro muy bien y sin ningún atisbo de pájaras ni nada parecido. Siempre de broma, íbamos comentando a ver quién iba a ser el primero en desfallecer.

Transcurrida media mañana nos plantamos en La Fuente de San Esteban y nos dirigimos por carretera a Boada y de allí de nuevo camino. De ese tramo tengo la sensación de que estábamos montando y desmontando de la bici continuamente ya que había muchas porteras, no sé si fue una sensación mía o también compartida con mis otros tres compañeros... Una vez superado este tramo llegamos a Bocacara. Íbamos muy bien de tiempo y más sabiendo que la siguiente población era ya Ciudad Rodrigo asi que lo teníamos prácticamente hecho o eso pensábamos nosotros...Empezamos subiendo, no era una subida exigente pero había que hacerla, luego un tramo rodador muy bueno y luego... todo un descubrimiento, para mi uno de los mejores tramos de esta ruta. Un caminito estrechito, al principio no parecía diferente a los demás pero rápidamente se estrechó, teníamos que ir en fila de a uno. 
Además parecía como una especie de túnel entre las encinas, era muy serpenteante y por suerte era cuesta abajo asi que estábamos disfrutando de lo lindo, eso sí ni un segundo de descanso, había que estar muy atento, curva a la izquierda, curva a la derecha, piedras, escalones... la verdad que fue divertido. Una vez se acabó volvimos a un camino ancho que nos llevó directamente a Ciudad Rodrigo. Primer objetivo cumplido, era la una de la tarde y ya solo nos faltaba volver a casa que se decía muy pronto pero había que hacerlo...

En Ciudad Rodrigo fuimos directo a las Tres Columnas, Miguel había quedado allí con Ainhoa que le iba a acompañar hasta Fuentes de Oñoro. Nos dirigimos a un supermercado a comprar plátanos y pan y fuimos a comer los cinco a una terraza.
A eso de las tres nos volvemos a poner en marcha, nos despedimos de Miguel y de Ainhoa y les deseamos suerte, igual ellos a nosotros. La reanudación se hizo dura, por un lado se estaba a gusto en la terraza, no nos vamos a engañar y el cuerpo se acostumbra rápido a lo bueno. Nos teníamos que dirigir de nuevo a Bocacara para coger la “Cañada Real de Extremadura” y decidimos coger la nacional. El motivo, muy fácil, no estábamos para perder el tiempo, el camino era duro y por este lado algún tramo íbamos a tener que hacerlo andando asi que fuimos por carretera y allí enlazaríamos con el track de nuevo.
La carretera no fue ningún paseo tampoco... no hacía más que picar para arriba y una vez llegado al alto comentamos los tres que a pesar de no ser muy tendida si era muy constante y al final te dejaba cansado. Una vez en Bocacara seguimos el track que nos lleva un buen rato por una carretera comarcal pero luego cogemos un camino. Al principio bien, era una pista muy fácil e íbamos deprisa hasta que nos topamos con un cauce de un rio seco. Llevaríamos alrededor de unos 140 km aproximadamente y eran más o menos las 4 de la tarde. Había muchos cantos rodados y no era fácil transitar con la bici. Después de eso cogimos un camino que se fue estrechando, el piso cambió, ahora era de arena y piedras y daba mucha inseguridad asi que había que ir despacio, además estábamos rodeados de encinas y arbustos y a un lado había una especie de regateras y socavones que mejor no pensar en caer en ellos.

El terreno era abrupto tan pronto bajábamos por ese camino como de repente aparecían ante nosotros unos “muros” que eran imposibles de subir... Bueno, imposibles menos para Jesús, que se empeñaba y aunque tuviera que echar pie a tierra y volver a arrancar los subió, en cambio Juan y yo nos bajábamos de la bici y sin ninguna vergüenza los subíamos andando. Así estuvimos subiendo y bajando un buen rato hasta que esta vez si que nos tuvimos que bajar los tres al ver una pared literalmente hablando.  Jesús y yo nos echamos la bici a la espalda y Juan decidió que lo mejor era empujarla, tal como fuera, al llegar arriba estábamos igual de 

cansados que si la hubiéramos subido montados. Cuando acabamos ese tramo eran las 6 de la tarde y solo habíamos hecho unos 20 kms, la verdad que era duro y perdimos allí mucho tiempo pero creo que más deprisa no lo podíamos haber hecho.
Una vez pasado ese tramo el horizonte se abría, ya no estábamos entre tantas encinas, el camino mejoró notablemente, era ancho, buen suelo y se rodaba cómodo, tanto es así que mi cuentakilómetros no bajaba de los 25 km/h. Al rato paramos en San Muñoz a hacer un breve descanso y reponer agua que estábamos los tres bajo mínimos. Fuimos a dar a un bar que se llama “Bar Chan”, decir aquí que desaconsejamos ir, ya que quedamos muy descontentos con el trato que nos dieron. Una señora que parecía que le debíamos algo, con desgana nos contestaba, luego no tenía ni cerveza, ni agua... vamos un desastre. Nos pedimos unas cocacolas y por cumplir, nada más, salimos de allí “escopetaos”. Preguntamos y había una tienda de ultramarinos, allí si repusimos de agua y algo de comer.
Una vez salimos de San Muñoz y todavía con el sabor agridulce del trato que nos dieron esa gente del bar cogimos de nuevo el camino. Decir que ya era todo igual, seguíamos viniendo a buen ritmo y solo nos faltaban unos 40 km para nuestra meta. Poco a poco nos íbamos acercando a Salamanca y ya podíamos ver el “Pirulí”. 

Paramos a descansar por última vez. Emprendimos de nuevo la marcha y justo antes de llegar a Golpejera cumplimos otro objetivo que era superar los 200 km. A partir de ahí, la fatiga y el cansancio empezó a aparecer y ya el deseo era llegar cuanto antes. Seguimos un poco más de camino pero al rato cogimos la carretera para entrar en Salamanca, solo fueron unos 5 kms y por nuestra parte ya estábamos 

sobradamente satisfechos con la ruta. Llegamos al Puente Romano, nos hicimos unas fotos para hacer constar nuestra aventura al igual que en la Plaza Mayor y en la Plaza de España nos separamos y cada uno tiró para su casa. En mi caso cuando llegué eran las 22 horas y con 217 km en las piernas.


Por último y nuevamente dar las gracias a mis compañeros de ruta, Juan, Jesús y Miguel. Por hacerla tan amena y divertida. También a los abrojos y gente que se preocupó por nosotros y nos llamaron para ver qué tal íbamos y también a los autores de los tracks que seguimos que si individualmente son rutones imaginaros si los unimos.



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