29/6/10

La Barcelona - Montserrat 2010

GirlBiker

El 15 de mayo, a falta de 2 semanas para la boda, (mi madre estuvo sin hablarme los días previos a la salida, porque decía que no tengo cabeza, que si me pasaba algo antes de la boda ¿qué?... y boludeces varias que tienen las madres a veces)... a lo que iba, me sonó el despertador a las 6 de la mañana, todavía era de noche y mi entonces novio se quedó durmiendo ya que él trabajaba ese sábado. Yo desayuné y me preparé todo lo que necesitaba: desmontadores de ruedas, un par de cámaras (aunque llevo tubeless, nunca se sabe), 2 barritas energéticas, 4 tabletas de glucosa, 2 bolsitas de inhibilak para el ácido láctico, y el tupper con macarrones blancos con aceite y sal, que me había preparado la noche antes. Lo metí todo en la mochila y tras lavarme un poco las legañas, me despedí de mi actual marido, quien me deseó suerte con un gruñido más propio de un mamut que de un bello durmiente, y me subí a la bici con dirección al club.

Efectivamente las calles aún no están puestas a esas horas, ni coches, ni gente, y menos un sábado. Una vez allí, cuando ya llegó todo el mundo hicimos el típico briefing para dar los consejos de última hora por todos sabidos, como: no adelantar al guía, que es quien lleva el gps, circular en pelotón en los pequeños trozos de carretera ya que al ser cercade 60 personas es más facil para los coches adelantarnos en grupo que de uno en uno, guardar siempre fuerzas porque lo más duro llega al final de todo, etc. Las féminas del club nos tomamos todas medio inhibilak, yo casi poto de lo asqueroso que está eso (según una amiga, eso es corrida de vaca sin ninguna duda, de ahí la primera duda de la mañana, ¿desde cuando las vacas se corren?).

Empezamos a rodar, subiendo por el carril bici del paseo Valldaura para dirigirnos hacia la pista de Leprosos. Subimos todo por pista, hasta Cerdanyola, donde fuimos a buscar el carril bici paralelo a la carretera. Desde Cerdanyola fuimos hasta la primera rotonda de Sant Cugat donde nos salimos de la carretera para coger una pista hacia Can Barata. La pista se convertía en un sendero bastante cerrado por la vegetación donde más de uno nos dejamos brazos y piernas en las zarzas, es decir, un caminillo muy divertido que acababa en Les Fonts.

 Las Féminas

Las féminas del club

Allí hicimos la primera parada del día, en la que me comí una barrita, el resto del inhibilak, y unos cuantos macarrones. Llenamos los botellines de agua y seguimos camino a Olesa de Montserrat. Pasamos por Can Palet de Vista Alegre y cruzamos 3 veces la Riera de Gald, que bajaba a tope de agua, y que era imposible de vadear si queríamos llegar a Montserrat ese mismo día. El terreno por donde pasa la riera es muy escarpado y la única forma de poder pasar es cruzarla las veces que salga al paso, hasta encontrar terreno más accesible. Buscar otra ruta era perder muchísimo tiempo, y los guías pensaron que el río no bajaría con tanta agua.

Una compi cruzando el río en el tramo fácil

La fuerza del agua se nos llevaba las bicis. En el primer cruce me ayudaron los compis del grupo, y no me mojé, en el segundo crucé montada en la bici y la corriente me desviaba de la dirección que yo quería tomar, al final llegué a la otra orilla y sólo me había mojado un poquitín. La tercera vez, el río se reía de nosotros, había que cruzar casi a nado, así que sin pensarlo dos veces, metí la rueda de la bici y viendo que no tenía mucha profundidad (se hundía hasta la mitad de la rueda, me metí caminando y llegué a la otra orilla, donde me saqué las botas y los calcetines y los escurrí todo lo que pude. Hubo quien se sacó las botas para cruzar, pero yo preferí mojármelas porque el agua bajaba con fuerza y no se veía el fondo y uno no sabía donde pisaba...

La riera de Gald, hasta arriba de agua

En fin, después de la aventurilla se nos presentó la primera rampa "puta" de la mañana, una pista con un desnivel tremendo en la que había que sortear regateras y baches, hasta llegar a la carretera que nos dejaba en Can Villalba. De ahí pillamos la nacional hasta Olesa de Montserrat. En la plaza de Olesa, nos paramos y aproveché para tomarme medio inhibilak, una barrita y una pastilla de glucosa.

La ruta desde Olesa a Monistrol es una de las más bonitas que he hecho en bici. Bordea el río Llobregat y desde el camino se pueden ver los saltos de agua. Desde el camino no hay ni rastro de civilización, y parece mentira que ese trocito de montaña tan precioso y tan cuidado comunique dos poblaciones tan importantes como Olesa de Montserrat y Monistrol, a las faldas de Montserrat. Esta pista, además de bonita tenía su dificultad, porque ya nos estábamos acercando a la montaña y ésta nos ofrecía el primer aperitivo, una pista en subida constante, que recorrimos durante 11 km. En este tramo me pareció que la gente iba demasiado rápido, así que subí piñones y me lo tomé como un paseo, intentando cansarme lo mínimo, hasta algunos compañeros que hacían de escoba se quedaron más rezagados para vigilarme porque creían que ya no podía más, yo les decía que me quedaba atrás para no oírlos hablar como cotorras, no porque estuviera cansada, Lengua fuera. Continué a este ritmo hasta entrar en Monistrol "por la puerta de atrás", la pista acaba casi en la calle de Les Escoles de Monistrol. Allí hay un parque infantil con bastantes árboles, que estaba completamente vacío, (eran ya las 2 de la tarde y la gente se había ido a comer). En el parque acabé con las reservas de comida y me zampé un tupper de macarrones enorme, llené el bidon de agua, me casqué lo que me quedaba del inhibilak, y volvimos a subir a la bici para recorrer el último tramo que nos separaba del Santuario, y el más duro. Arrancamos desde el parque y nos dirigimos por la nacional, hasta la carretera del cementerio, desde la que sale la pista que sube hasta el Santuario. Creo que hay que subir esta pista para saber lo que es sufrir, 8 kilómetros de subida inhumana que seleccionaron quien iba a llegar entero y quien a trozos.

Encaré la subida ya con el plato pequeño, y armándome de paciencia empecé a subir. Allí los grupos se separaron, y yo empecé a tirar a mi ritmo, concentrada y sin abrir la boca. Hubo quien empezó a subir hablando y levantando rueda… Según el portador del GPS, durante 5 de los 8 kilómetros de pista, el desnivel estaba entre el 17 y el 22 %. Mis amigas tiraban conmigo, pero cuando una tenía que parar el resto seguía, yo sabía que si paraba no iba a poder arrancar en esa subida, así que fui pedaleando poco a poco intentando hacer el mínimo esfuerzo porque sabía que lo peor estaba por llegar. Por lo menos, en la pista el sol tuvo compasión y se escondió detrás de una nube, y eso se notó muchísimo. La pista subía hasta una pequeña urbanización, donde desembocaba a una calle con un desnivel aún más bestia que el que llevábamos, pero al menos era asfalto y costaba menos pedalear. El pelotón paró en el cruce y yo decidí seguir hasta arriba, hasta llegar al plano donde terminaba la calle, y allí descansé y bebí agua, de las 5 féminas quedábamos tres delante, y una de ellas decidió quedarse atrás a descansar el culo porque ya no podía ir más tiempo sentada en la bici.

Yo y mi compi seguimos una detrás de la otra y decidimos ir cada una a su ritmo cuando llegamos a la BP-1121, la carretera que sube al Santuario. Aún nos quedaban 3 kilómetros de subida por la carretera hasta arriba. Yo lo planteé de la siguiente manera, si me paro: no arranco, y como apriete un pelín nada más por encima de mis posibilidades: no voy a llegar, así que me quedé en el plato pequeño, y el tercer o segundo piñón, dependiendo del tramo, y encaré la carretera. Tenía el culo como un bebedero de patos, creo que estuve a punto de no llegar arriba del dolor que tenía. Desde donde estaba veía a los compis que iban delante y los escobas (los Pros del Club que se ofrecieron a ir a la salida para cerrar el grupo y pasearse carretera arriba carretera abajo para vigilar que todos estuviéramos bien) me iban adelantando o se cruzaban conmigo dándome ánimos cada vez, y valorando la expresión de mi cara, para saber si estaba a punto de morir o no. Lo único que escuchaba era el aire, a esa hora ya no subían coches al Santuario y podía concentrarme en mis piernas y el ritmo de pedaleo. ¡Qué importante es no intentar ir por encima de tus posibilidades!

La subida por carretera, duró aproximadamente 25 minutos que no se acababan nunca. No sé si habréis subido a Montserrat alguna vez pero los que sí habéis subido sabréis que hay un parking arriba con una barrera que impide el paso a los vehículos no autorizados. Cuando llegué a la barrera suspiré de alivio ya que justo ahí parecía que ya estaba llegando y que empezaba a llanear el terreno, así que bajé piñones y pedaleé a más velocidad… Pero me di cuenta a tiempo que no se acababa allí, así que antes de desfondarme, volví a mi segundo piñón y a mi ritmo tortuguil hasta divisar (400 metros después del parking) el cambio de rasante donde acababa el suplicio. En la bajadita, por fin pude levantar el culo del sillín, se me habían empezado a dormir las piernas del dolor en los tendones de las ingles, y cuando llegué a la plaza principal, donde están las escaleras, encontré un grupo de menos de 20 personas que ya habían llegado y estaban tirados por los suelos. Yo hice lo mismo… bueno no, primero fui al lavabo que soy mujer y necesito hacer pipi a menudo, y luego me tiré al suelo y me comí una pastilla de glucosa.

El resto de gente fue llegando poco a poco, algunos más reventados que otros.

Esperamos a hacer la foto de grupo e iniciamos el descenso. En Monistrol nos esperaba un autobús que nos llevaba a casa… bueno, a mí me esperaba mi marido (entonces novio) que había venido a buscarme con el coche.

La satisfacción que se siente cuando se consigue un objetivo así es impresionante, el esfuerzo, el sacrificio y el dolor merecen la pena cuando te ves arriba, compruebas que has llegado bastante entera (cansada obviamente, pero no muerta) y el cuentakilómetros marca 82 kilómetros.

Cada día me gusta más este deporte y cada día me gusta más mi gente, mi club, sin los cuales no habría sido capaz de llegar arriba.

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